En los años ´80 y los ´90, cuando vivía en Maquinchao, busqué referencias que me ayudaran a entender la historia del lugar. Las publicaciones a las que tenía acceso en la biblioteca local traían información escasísima, que poco ampliaban las anotaciones que había dejado el director de la escuela, Merlo Rojas, en los años treinta. Años más tarde inicié un recorrido por otras bibliotecas, universidades y archivos y encontré, no sin sorpresa, que existía una cantidad de documentos, relatos de exploradores y artículos periodísticos que hablaban del lugar.

Para ser una localidad aislada en una de las zonas más inhóspitas de la Patagonia, Maquinchao tiene una rica representación en la literatura. Aquí presentamos una selección de los textos hallados : relatos de viajeros, documentos y producciones locales, escritos en tres siglos. Algunos se publican por primera vez en castellano. La intención fue hacerlos accesibles, que sirvan para valorizar la rica historia local, comprender cuántas esperanzas y sufrimientos encierra, y ubicarse en su devenir, que no ha concluido.

2005 No a las minas

Literatura de urgencia: Periódicamente algún hecho quiebra la paz del pueblo, moviliza a sus habitantes, los lanza a la palestra. Maquinchao entonces es noticia. Aquí Graciela Machiñena, residente en el pueblo, relata, desde el testimonio personal, como surgió la movilización para detener la minería del oro en Maquinchao.*

Soy ingeniera agrónoma, y en las visitas al campo o a diferentes parajes, varios productores ganaderos de la zona consultaban acerca de las “órdenes de cateo” que estaban recibiendo de la Dirección de Minería de la provincia, autorizando a empresas mineras a ingresar a sus campos para realizar exploraciones con el fin de identificar posibles zonas de explotación de oro.

La respuesta inmediata fue: - No tengo ni idea -. Ahí empezó la consulta con otros técnicos que trabajaban en la Región (los que manifestaron que se les presentaban las mismas inquietudes), y con distintos organismos, instituciones y personas que fueron aportando su información y conocimiento respecto al tema.

Lo que empezó un poco como una curiosidad (¿tendremos oro en la Región?, ¿será que nos va a tocar surgir al plano provincial y nacional como una potencia minera?) se fue transformando rápidamente en alarma.

A través de Internet empezaron a llegar documentos, estudios científicos, testimonios de otros lugares donde este tipo de proyectos se desarrollaron con idénticos antecedentes a los que se venían dando acá, y con resultados nefastos. La extracción del oro, plata y demás metales implicaba la trituración de toneladas de suelo, la utilización de cianuro y otros compuestos tóxicos diluidos en miles de toneladas de agua (tan escasa hoy por hoy en esta y otras regiones, lo mismo que el suelo), con el empleo adicional de explosivos. A esta roca molida y pulverizada se la sumerge en una solución de agua con cianuro para que se desprendan el oro y otros metales, los cuales después se recuperan de esa solución y se llevan al exterior.

Esto implica varias cosas indignantes para los habitantes de la Región:

Por un lado a nadie parece importarle que se utilicen en la Región compuestos tan peligrosos, los cuales deberán circular por nuestras rutas y caminos (en pésimo estado de mantenimiento) y ser almacenados en nuestras localidades o establecimientos ganaderos, poniendo seriamente en riesgo de derrame o de cualquier otro accidente a la zona.

Tampoco les resulta llamativo que ninguna de las comunidades en que se han desarrollado estos proyectos (La Alumbrera en Catamarca, Veladero y Pascual Lama en San Juan, etc.) ha logrado un desarrollo social, tecnológico y económico; por el contrario: se han empobrecido por la pérdida de sus escasos recursos naturales (quedaron sin suelo y deben abastecerlos de agua mineral o proveerlos de agua potable con camiones cisterna).

Nadie explica que junto con el oro, plata y demás metales “metalíferos” se liberan de la roca pulverizada los “metales pesados” (cadmio, cromo, plomo, etc.), los cuales no son recuperados ni inactivados de ninguna manera, con lo cual quedan retenidos en el agua y constituyen un factor contaminante que no desaparece, sino que trabaja a largo plazo penetrando centímetro a centímetro en el suelo, las raíces de las plantas, las napas de agua y los animales de los cuales nos alimentamos. Por supuesto, tampoco aclaran que estos metales pesados en el organismo provocan varias enfermedades, desde las relativamente leves (reacciones alérgicas, irritación, etc.) hasta las mortales (daño cerebral, malformaciones fetales y distintos tipos de cáncer).

Ante esta situación… buena parte de la sociedad se empezó a informar respecto al tema, y surgió una movilización entre los vecinos que nos empezamos a juntar para ver qué podíamos hacer…

Así fue que se empezaron a hacer reuniones en distintos lugares, como por ejemplo en el CEM 57, donde participaron alumnos y docentes, así como el grupo de Vecinos Autoconvocados “La Pirita” de Jacobacci y la murga “La Trocha Mocha” (de la misma localidad), que presentó un número artístico inspirado en este problema.

Se fue dando de a poco la movilización de toda la Región Sur, ya que se comprendió rápidamente que si todos los sitios en los cuales (según la Dirección de Minería de la Provincia de Río Negro) hay manifestaciones de descubrimiento de oro se inicia la explotación del mismo, la Región Sur se va a quedar de aquí a unos veinte años como algo similar a un gigantesco “queso gruyere”: toda llena de agujeros y sin poder sostener la actividad ganadera que se viene desarrollando desde tiempos remotos.

A partir de esta realidad se empezaron a realizar asambleas en las cuales los Vecinos Autoconvocados por el NO a la Minería Aurífera con utilización de Cianuro y demás sustancias tóxicas, provenientes de distintas localidades y ciudades de esta y otras provincias, comenzamos a definir líneas de acción para manifestar a nuestros gobernantes el desacuerdo con este tipo de explotaciones, y exigirles que se respeten nuestros derechos como ciudadanos para decidir qué actividades pretendemos que se fomenten y cuáles se impidan. Uno de los puntos que siempre surgió como central de estas reuniones es la comprobada incapacidad que tiene el Estado (en cualquiera de sus niveles) para ejercer eficientemente el control ambiental y hacer respetar la legislación vigente.

A lo largo del camino han ido surgiendo distintos hechos que ya forman parte de la historia de esta Región, tales como las Mesas de Diálogo que intentó imponer el gobierno provincial para mantenernos distraídos discutiendo con “expertos” (que casualmente prestaban servicios a las empresas mineras: geólogos, Lic. en ecología, hidrólogos), acerca de las posibilidades de remediar lo irremediable: nunca falta quien demuestra científicamente que el dinero puede subsanar los desastres que hace el hombre. También recordamos el tremendo esfuerzo y constancia que tuvimos que tener para lograr que el Honorable Consejo Deliberante local aprobara el Proyecto de Ordenanza para prohibir el uso y circulación de cianuro y otros tóxicos dentro del ejido Municipal: numerosas reuniones en las que fuimos convocados y luego no atendidos por algún cambio de último momento; discusiones; malos ratos; la abstención de una de las Concejales por no contar con suficiente asesoramiento respecto del tema; un año para lograr que, después de aprobada, nos pudieran proveer de una copia (no se redactaba el texto final de la ordenanza, si bien se había aprobado en la Sesión); la entrega de un texto de la Ordenanza que constituye una verdadera vergüenza por su total falta de elaboración, incoherencias y faltas de ortografía…. Ésa es la Ordenanza que actualmente rige en nuestra localidad.

A medida que fuimos creciendo en número, empezamos a molestar a las empresas que pretenden explotar el oro, especialmente en Jacobacci. Esto hizo que empezaran una verdadera campaña propagandística para tratar de generar adeptos, prometiendo trabajo en momentos en que la desocupación es uno de los más grandes problemas que desde el Estado no se resuelve, e inversiones que generarán desarrollo y un mundo color de rosa. También se remarcaba en esta campaña que quienes estamos por el NO somos unos activistas recalcitrantes que no tenemos nada mejor que hacer que oponernos al desarrollo de la región.

Así se fueron dando los acontecimientos hasta los momentos cercanos a las elecciones del 2004.

La actividad político-partidaria se hizo muy fuerte, y el propio gobernador (hoy reelecto por un nuevo período) se manifestó en contra de la explotación minera por considerarla contaminante…. Rápidamente, en junio de 2005 se aprobó en la Legislatura Provincial la ley que prohíbe el uso de cianuro y mercurio en la explotación de metales metalíferos, la cual actualmente está en vigencia, pero carece de reglamentación.

A partir de ese momento, la Región entró en una especie de impasse respecto al tema. La actividad de los grupos en cada localidad ha disminuido notoriamente, y parece haber una calma generalizada. Somos concientes que la empresa minera continúa en Jacobacci (¿haciendo qué, si teóricamente ya terminó su fase de exploración y no está autorizada a explotar?), y que lo más probable es que se esté armando una nueva estrategia para burlar la ley o para hacerla derogar.

Por lo pronto, estamos en una especie de compás de espera, recuperando fuerzas para seguir con la batalla, porque este tema no está cerrado ni mucho menos.

Los intereses económicos son los que dominan el mundo, comprando voluntades y avasallando la dignidad de las personas que no tienen forma de oponer resistencia. No van a parar.

Hasta ahora, gracias a la convicción y al compromiso de cada uno de los que hemos participado, logramos demorar un poquito las cosas y generar más de un dolor de cabeza a quienes tenían intereses creados. Si bien esto no es poco, la sensación es que recién estamos empezando.



* También puede verse la carta de Ana Maria Fernández a los medios de comunicación.

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