En los años ´80 y los ´90, cuando vivía en Maquinchao, busqué referencias que me ayudaran a entender la historia del lugar. Las publicaciones a las que tenía acceso en la biblioteca local traían información escasísima, que poco ampliaban las anotaciones que había dejado el director de la escuela, Merlo Rojas, en los años treinta. Años más tarde inicié un recorrido por otras bibliotecas, universidades y archivos y encontré, no sin sorpresa, que existía una cantidad de documentos, relatos de exploradores y artículos periodísticos que hablaban del lugar.

Para ser una localidad aislada en una de las zonas más inhóspitas de la Patagonia, Maquinchao tiene una rica representación en la literatura. Aquí presentamos una selección de los textos hallados : relatos de viajeros, documentos y producciones locales, escritos en tres siglos. Algunos se publican por primera vez en castellano. La intención fue hacerlos accesibles, que sirvan para valorizar la rica historia local, comprender cuántas esperanzas y sufrimientos encierra, y ubicarse en su devenir, que no ha concluido.

Pasaron por Maquinchao

En los años ´80 y los ´90, cuando vivía en Maquinchao, busqué referencias que me ayudaran a entender la historia del lugar. Las publicaciones a las que tenía acceso en la biblioteca local traían información escasísima, que poco ampliaban las anotaciones que había dejado el director de la escuela, Merlo Rojas, en los años treinta. Años más tarde inicié un recorrido por otras bibliotecas, universidades y archivos y encontré, no sin sorpresa, que existía una cantidad de documentos, relatos de exploradores y artículos periodísticos que hablaban del lugar.

Para ser una localidad aislada en una de las zonas más inhóspitas de la Patagonia, Maquinchao tiene una rica representación en la literatura. Aquí presentamos una selección de los textos hallados: relatos de viajeros, documentos y producciones locales, escritos en tres siglos. Algunos se publican por primera vez en castellano. La intención fue hacerlos accesibles, que sirvan para valorizar la rica historia local, comprender cuántas esperanzas y sufrimientos encierra, y ubicarse en su devenir, que no ha concluido.

Maquinchao: Tres siglos en la literatura.


Siglo XIX

Por cientos de años Maquinchao fue simplemente Maquinchao, un amplio valle que proveía agua, caza y leña, donde las tribus pasaban largos meses, especialmente en invierno.

En el siglo XIX, Maquinchao, en territorio libre indígena, era un lugar de importancia para la economía y la cultura de los pueblos originarios.

Debido a la desarticulación de la memoria ocurrida con la conquista militar de la región por el Estado argentino, es poco lo que sabemos de la vida temprana en ese lugar, y para reconstruirla debemos apelar a las observaciones de extraños.

Podemos pensar que en Carmen de Patagones se habría escuchado el nombre desde que comenzaron los intercambios con las tribus. Sabemos que hacia 1830 vivía en Maquinchao la tribu del cacique Cheukewal. Su hijo Cheukefilo "se crió en Maquinchao" en ese tiempo, según expresión de Katrilaf . También está la afirmación del Ing. Pronsato de que tropas enviadas por Rosas en 1833 batieron el lugar en búsqueda del Cacique Cayupán . A partir de mediados de siglo las noticias se hacen más nutridas.

Por los viajeros y exploradores sabemos que en Maquinchao vivían buena parte del año las tribus de Francisco, Antonio, Kual, Chagallo, Pichalao, entre otros , y que circulaban por allí Chiquichano, Foyel, Inacayal, Casimiro, Orkeke, Sayhueque...

A comienzo de los 1880 los eventos se precipitaron... se expulsó a las tribus indígenas y las tierras se entregaron a una compañía extranjera. Todo eso queda reflejado en los textos que siguen, algunos de los cuales se publican por primera vez en Argentina.

El naturalista suizo Georges Claraz fue el primero que, al recorrer la región en 1865, avizoró el valle y recogió valiosa información acerca del nombre (“lugar de invernada”, en lengua gününakenk), los minerales, la flora y la fauna del lugar, y los usos que de ellos hacían los aborígenes. Todo lo volcó en un Diario de prosa límpida. Señaló, además, que en esas tierras se ubicaba la tribu del cacique Chagallo.

George Chaworth Musters, marino y explorador inglés, recorrió la Patagonia de sur a norte entre 1869 y 1870 asimilado a una partida de tehuelches, en una hazaña singular que le valió el mote de Marco Polo de la Patagonia. En su libro Vida entre los Patagones describe a Maquinchao y narra la travesía hasta llegar allí, que por ciertas circunstancias le resultó “la faz más miserable de la vida en el desierto”.

Al Perito Francisco P. Moreno la fama de los campos de Maquinchao lo había alcanzado ya en su viaje por el Chubut en 1875, pero tuvo que esperar hasta 1879 antes de conocerlos en compañía de su guía e intérprete, el mestizo Hernández, quien sin saberlo estaba haciendo su último viaje .

No menor es el entusiasmo que reveló un joven teniente, Oliveros Escola, a cargo del Diario de Campaña de la III Brigada al mando del coronel Liborio Bernal en su expedición punitiva de 1881 en búsqueda del cacique Sayhueque, que se sabía albergado en esos parajes. La misión del ejército era correr a los indígenas de Maquinchao.

En 1892 acampan en Maquinchao el doctor François Machon y el naturalista Santiago Roth, justo en el momento en que los ingleses han iniciado la ocupación efectiva del valle. Machon publica al año siguiente el diario de su viaje, En Patagonie, que nos brinda una instantánea de los personajes que se movían en ese momento fundacional de la Maquinchao inglesa

Por último, otro viajero que no pudo dejar de anotar las dificultades que debió arrostrar para llegar a Maquinchao: el conocido aventurero y aeronavegante francés Conde H. de la Vaulx visitó la Estancia en 1896, y contó las incidencias en su Voyage en Patagonie, publicado en Paris en 1901.

Siglo XX

En Maquinchao, en el siglo XX, a los toldos y la estancia se suman un ferrocarril y el pueblo, que adoptará el nombre dado al lugar por los indígenas. La mayor parte de la historia documentada de la localidad tuvo lugar en este siglo.

En 1903 Clemente Onelli, en Trepando los Andes, hizo un llamamiento a los accionistas de la Argentine Southern Land Company (ASLCo) en pro del buen uso de las tierras de la Compañía en Maquinchao, trayendo a comparación la labor de los ingleses en la India.

Algunos años más tarde, la construcción del Ferrocarril Patagónico (1908-1913) desde San Antonio hasta Maquinchao y los contemporáneos trabajos de la Comisión de Estudios Hidrológicos nuevamente dan lugar a Diarios que describen las vicisitudes de la empresa. Recientemente se publicó el de Leonhard Ardüser, Un suizo en la Patagonia, y son suficientemente conocidos El Norte de la Patagonia y Un yanqui en la Patagonia, de Bailey Willis, fruto de sus experiencias en la región. Jesse May Dunlop, esposa del gerente de la estancia por aquellos años, escribió unas memorias que están inéditas . Poco después llegó a la zona una joven y ávida observadora…

En cuanto a la producción local, en los años 30, erizados de dificultades, las inquietudes de algunos jóvenes maquinchenses se canalizan en la publicación de Anhelos (1937), precedida de un pequeño periódico llamado El Garrote, que redactaba Luís Martínez, anarquista y defensor de los indígenas desde Rucu Luan. Martínez escribía el periódico a mano, luego los enviaba a Carmen de Patagones a imprimir para luego repartirlo en la zona. Grupos de teatro locales, representaban, allí y en las localidades vecinas, obras como La rebelión de los pobres (1948). En 1933 el director Agustín Merlo Rojas inició las prolijas anotaciones en el Libro Histórico de la escuela primaria, que constituyeron hasta nuestros días una fuente casi única de información.

Volviendo a los visitantes, en los años 60 Demetrio Fernández recuerdó su paso por el pueblo en La Escuela Patagónica, memorias de un maestro, y las obras de Julián Ripa inevitablemente traen referencias a Maquinchao.


Médicos y libros

Un jalón lo constituye la publicación en 1963 del libro de Ernesto Serigós El “médico nuevo” en la aldea, con prólogo de Jorge Luis Borges. En él, Serigós dedica un capítulo a las peripecias que pasa en Maquinchao hacia fines de los años 20 como médico obligado a realizar operaciones en condiciones adversas, las conversaciones con estancieros y paisanos y las situaciones que creaban los extremos meteorológicos, como un tren largamente esperado que no podía detenerse por temor a que se helara la grasa de las ruedas. Porcel de Peralta, en Biografía del Nahuel Huapi, pone a Maquinchao como ámbito donde se produjeron algunas intervenciones del doctor belga Veerertbrughen, quien, desde 1907 y hasta la llegada de Serigós, fue el primer y único médico de una amplia región, con sede en Bariloche.

En 1964, se publicó en Londres The Sand, the Wind and the Sierras, un testimonio único de la vida en las estancias de la zona entre 1916 y 1922 rescatado por la memoria de Mollie Robertson, quien vivió allí entre los 8 y 15 años de edad. Su padre, empleado por la estancia Maquinchao, luego fue encargado en Talcahuala y Huanuluan. Mollie describe las casas, su familia, los trabajadores tehuelches y chilenos, los singulares ingleses y la vida y las labores en una prosa encomendable. Este libro, que trae irónicos relatos de personajes que pasaron por la Estancia, todavía no fue publicado en castellano. En Inglaterra mereció la radiodifusión por el canal 4 de la BBC en 1971.

En los años setenta Rodolfo Casamiquela recogió los Relatos policiales patagónicos del Sargento Tello, con los casos y las anécdotas de este policía que sirvió en Maquinchao entre 1928 y 1932, una época de bandoleros sanguinarios.

El escritor jacobaccino Elías Chucair ha anotado innumerables semblanzas y relatos de la vida en su localidad; muchos también referidos a Maquinchao, que comenzó a publicar en los años ochenta, en La inglesa bandolera y otros relatos patagónicos (1985), Anécdotas de un rincón patagónico (2003), Dejaron Impronta (2004), Quetrequile, el pueblo que fue (2005), y otros.

En esa misma época, del retorno a la democracia, en que se produjo una reactivación cultural en la Provincia de Río Negro, varios escritores regionales residieron o visitaron Maquinchao. Entre los primeros, Juan Matamala, ahora afincado en El Bolsón, es autor de varias recopilaciones de relatos. Desde Maquinchao publicaba un periódico, La Voz del Sur.

Matamala escribió que Maquinchao es como la Luvina de Juan Rulfo, “uno de esos pueblos tristes, enigmáticos, grises… No es un lugar para quedarse… Es la pura soledad”. Sin embargo, como Darwin mismo reconocía, la fascinación del desierto parece mayor que la de zonas fértiles. “Muchas veces me he despertado sintiendo ese frío intenso de las heladas, pero al lado, al costado del recuerdo emergen las brasas calientes de la gente”.

Con el retorno a la democracia, Marina Gerhold inició a una juventud ávida a la lectura y la escritura. De su siembra salieron jóvenes poetas locales como Gladys Busnadiego y Néstor Fabián Morales.

Silvia Montoto de Lazzeri, nacida en Maquinchao y residente en Las Grutas, afiliada desde hace muchos años a la Sociedad Argentina de Escritores y miembro de las Sociedad de Escritores Patagónicos, publicó varios libros de poemas, Luna, retamas y sueños, y Otro gallo cantaría y otros cuentos, publicado en 2004, que incluye relatos inspirados en situaciones que vivió en su infancia y adolescencia en Maquinchao. Varias de sus obras obtuvieron premios a nivel nacional y regional.

Entre quienes pasaron, Jorge Arabito que escribió
“Quedé muy loco con la gente de la línea/ fueron dos semanas sin parar
de hablar, de exponer sueños, conquistas, luchas/ caminos compartidos
de amar el silencio, las palabras/ cierta noción de libertad”

Jorge Castañeda, de Valcheta, habló de “El Caín, Maquinchao, Yamnago, Arcadia perdida de los genaken”, en referencia a Los Jardines de Andrómeda de Gustavo Villagrán. Pasaron Guillermo Rodríguez y Blanca Negri (Viedma), Enrique Socas (Mendoza), entre otros, y cada uno dejó su arte y se llevó la inspiración del desierto.

En 1993 Oscar Nápoli publicó un libro de memorias: Allá Lejos (20 años en Maquinchao). Nápoli ejerció como médico rural en Maquinchao desde 1950 hasta 1970. Además de las esperables anécdotas sanitarias, el relato, donde aparecen las debilidades y grandezas de la gente de pueblo en una zona alejada, adquiere tonos de militancia política, en una época en que se sale del autoritarismo para caer en la dictadura. El Dr. Nápoli, dos veces senador por Río Negro, participó de organismos de derechos humanos. Los años noventa vieron algunas iniciativas de periodismo local.

Completó la cruel década final del siglo, en la que el egoísmo rampante de la sociedad menemista amenazaba aun las costas lejanas del ecumene, la publicación de la prolija investigación de Oscar Vapñarsky, Tres Pueblos de la meseta patagónica, que incluye el estudio más comprehensivo de Maquinchao hasta la fecha.

En parte por el posmodernismo, pero también por otras razones, a fines del siglo se vuelve a prestar un oído a lo que los pueblos originarios tienen para decirnos. Su voz estuvo prácticamente silenciada hasta mediados de los ochenta, en que las lenguas originales empezaron a escucharse de nuevo en público. Sólo que en Maquinchao, y basta leer un registro de clase para darse cuenta, el elemento indígena es mayoritario. De la continuidad y el reverdecer de su cultura nos habla el texto de María Lidia Pichilef.

No hubo un Chucair, pero la memoria se recogió de múltiples maneras, como en las intervenciones de Luis Cayuqueo y los testimonios orales de hablantes mapuches que presenta Marisa Malvestitti en Kiñe Rakizuan.


Siglo XXI

Llega el siglo XXI. Pese a las expectativas, siguen los mismos problemas: las tierras, el precio de la lana, el frío. Pero ahora se suman la amenaza de la minería y el pobre funcionamiento de la red de gas. Ambas llevan a la movilización del pueblo. También hubo momentos de esperanza, como el trabajo de los estudiantes en el predio de la Sociedad Rural, una nueva escuela, varios jóvenes que se reciben de médicos…

En el plano literario, Maquinchao sirve para instalar una fábula sobre la venta de tierras en Patagonia en la comedia musical de Rodrigo Dalziel, El Mandarín de Maquinchao, que se presentó en Bariloche en 2003. En ella se pone en escena una galería de personajes típicos que “interactúan en esta sencilla historia que se desarrolla en un Maquinchao mítico y atemporal, un Macondo de la Línea Sur”.

En contraposición con la Patagonia mítica que hace soñar a los europeos, la Maquinchao de la globalización se halla instalada en el imaginario colectivo como lugar remoto e inhóspito por excelencia: “la capital del frío”. María Sonia Cristoff la elige junto con otro puñado de pueblos para un proyecto de escritura que gana un concurso de la editorial Seix Barral: Falsa Calma, un recorrido por los pueblos fantasmas de la Patagonia, publicada en 2005. Cristoff arma un capítulo en torno a sus encuentros en el pueblo y reflexiona sobre algunas historias de antropofagia. Ese mismo año, en coincidencia con el centenario de la atribuída “fundación” del pueblo, se presenta una novela breve, Más allá de las piedras, de Evangelina Pérez, en su debut como escritora. El argumento es la búsqueda de la identidad, y más allá de basarse en algunos tópicos de la “historia oficial” local, o precisamente por eso, da testimonio de la dificultad de los maquinchenses de identificarse como ciudadanos de la Línea Sur: son objeto de interés literario pero mantienen el agudo sentimiento de estar dejados de la mano de Dios.

En los últimos años han aparecido varios libros que se suman a la literatura de tema maquinchense. En la Feria del Libro de Buenos Aires en 2007 el Fondo Editorial Rionegrino hizo accesibles Así vienen los barcos, así los cardos rusos, de Guillermo Rodríguez, un cuento largo o nouvelle deudora del realismo mágico que, como un colmo de los viajeros, gira en torno a la llegada de un barco a Maquinchao. Ese Ajeno Sur, de Ramón Minieri, indaga acerca de la formación de la ASLCo., que protagonizó la ocupación definitiva de las mejores tierras de Maquinchao. E. Chucair publicó Breves historias de mi pago, donde narra algunos hechos sucedidos en la zona, uno de los cuales hemos incluido aquí. Por último, Maquinchao, hilvanando recuerdos, de Galo Martínez, recrea el perfil de muchos personajes de los años treinta y cuarenta en el pueblo, y agrega algunos datos extraídos de Maquinchao en Tres Siglos, una compilación de información histórica que armamos con Luis Cayuqueo para entregar en bibliotecas y escuelas.

Desierto, tierra prometida y birlada, ovejas, nieve, bandoleros, Luvina, Macondo: los tópicos no pueden faltar en ningún relato con Maquinchao. Pero lo que cambia es el lenguaje: ya se escribe en SMS, no se escriben cartas, se ha abierto un cyber-café, se escanean las viejas fotos, gente de Maquinchao, la que puede, se comunica al instante con el mundo, nos hacen saber de su disgusto con los planes de la minería contaminante... Y, algunos, iniciaron blogs, esa moderna botella al mar.

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